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Tengo una opinión formada y cuatro pilares,
unos de sal, otros de arena, para aguantar
que vengas y me reproches todo lo que me amas.
Tengo motivos de sobra para pedirte que te marches
pero no contaba con la baraja de cartas que guardas,
ni con todos los ases que traes escondidos en las mangas.
Y siempre cae mi voluntad y me bajas de mi montaña.
Cuando yo me sigo creyendo el supremo dios del olimpo...
Gancho de derecha, excusa, lagrimilla y triste mirada
para convertir al olímpico de antes en pequeño y sumiso.
Como Marco, aquel del mono, siempre acabo abandonado
mientras tú emigras a Praga, a Cuba, a Lima, a cualquier lado...
Y mientras tú vas en avión, yo me empeño en seguirte en barco.
Yo soy de esas personas que toman decisiones tajantes, pensadas de forma concienzuda, dos o tres mil veces por lo menos. Una vez que me decido, que dejo de lado la incertidumbre... ¡Mi decisión no se mueve jamás!
... O eso creo.
Esta semana lo pongo más fácil. Premio a quien sepa decirme la técnica por la cual se ha tomado esa imagen (la segunda, no la primera).
