Ceguera


Los sauces lloraban a mi paso, desde dentro
una voz grave que no quería oir susurraba:
Te has quedado inválido en esto, estás ciego.
Y era cierto. Lo sé porque llevé las manos a los huecos
y no hubo más que hundimiento, sobresalto y grava...

Y de ahí mi ceguera... Sí, me he enterado hoy mismo.
Me arrastro por estas paredes, un suelo de gas natural
y mis manos... Siempre unas manos injustas, el sonido
de una voz rota que se desgrana y se dobla en soledad.

Aun sin ojos, o sin vista habrás de encontrar el camino.
Y abrochar la camisa,volver al puesto despues del solsticio,
con la cordura intacta, los cordones atados y el sentido limpio.

Sobre la desaparición de lo vital y, algunas veces, nuestra predisposición a negarlo.

2 comentarios:

malloleta dijo...

Creo que esta ceguera de la que hablas es necesaria de vez en cuando en la vida, para tener alguna referencia, para estar más alertas, y sobretodo, para ir avanzando.
Pero yo pienso que no hay ceguera en el camino de vuelta, porque ahí ya has recuperado la vista. En el camino de vuelta lo que sufres es, más bien, el deslumbramiento que te provocaría la luz del sol si lo miras directamente. Lo peor es enfrentarse al peso real y medido de lo que ahora consideras un error. Lo que pica es la batalla interna, que tu yo interior te dice que "ya no más", y te da cien razones de por qué ya no más de eso que defendía a toda costa. Lo que pica es la sensación de haber estado haciendo el idiota y no haberlo visto ni el primer día ni en el que hacía doscientos.

Anónimo dijo...

A veces la realidad duele, pero por evitar verla no cambia ni desaperece.Todas las personas o casi todas en algún momento de nuestra vida,evadimos la realidad y nos inventamos lo que nos conviene.La realidad está frente a nosotros, si la vemos nos encontraremos mejor que si la negamos.

P.D.Si la realidad no nos agrada podemos tratar de cambiarla pero nunca negarla.
Rocío "torpona" :)