Tuve ganas, tuve dos almas, tuve hierro bajo las uñas
y arañaba la vida, me la llevaba a manos llenas
sin que te dieras cuenta, sin que se dieran cuenta.
Hubo días más alegres, aun con menos fortuna
que me sacaron de la miseria de esta noria,
de esta sucesión de noches y días que no quiero vivir.
Porque es cierto, no quiero llevarme a la boca gloria
que no me pertenezca, no quiero dejar de existir
cuando llegue el otoño y caigan las hojas. Tengo miedo
de Junio y sus tardes cálidas, quizá las últimas viviendo
de esta forma fácil, no quiero pensar en Septiembre,
en Octubre y la llegada del cambio de hora. Siempre,
siempre me pone triste el cambio horario y la luz
invernal que todo lo cambia. Ojalá llegue Diciembre,
los fríos, las noches largas... Pero sigas estando tú.
Yo no suelo escribir así. Esto es algo que ha salido de mi casi espontaneamente, y como pienso que la espontaneidad siempre es bienvenida (por su frescura) aquí lo dejo.

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